DISCURSO DEL PRESIDENTE MEXICANO, CON MOTIVO DEL ENCENDIDO DE LA ANTORCHA BICENTENARIA DE LA LIBERTAD
Discurso pronunciado el 6 de agosto del 2009, poco más de un mes de anticipación, a la celebración del 199 aniversario.
"Este Fuego, amigas y amigos, simboliza los ardientes deseos de libertad que brotaron en nuestros próceres. Es emblema de la valentía con la que se alzaron en armas aquel 16 de septiembre de 1810, para desafiar a una de las más importantes potencias del mundo, entonces.
En aquella época, levantarse en armas con un puñado de hombres significaba un gran riesgo. Pero tal y como lo señalara don Benito Juárez, años después: Hidalgo nos enseñó que el poder de los reyes es demasiado débil cuando gobierna contra la voluntad de los pueblos."
Muy buenos días, amigas y amigos.
Mexicanas, mexicanos, jóvenes, niñas y niños.
Muy bienvenidos a este Palacio Nacional, el corazón de México.
Saludo, desde luego, a Mauro Máximo de Jesús, nuestro medallista paralímpico, quien trajo en este último recorrido el Fuego del Bicentenario.
A Yanelli Caballero, medallista mundial juvenil, también.
Y, desde luego, a no sólo una destacada deportista mexicana, sino además, a la campeona del mundo de plataforma, de clavados, a Paola Espinosa. Muchísimas felicidades, Paola, por tus triunfos, que nos enorgullecen a todos los mexicanos.
Como Presidente de la República es un honor para mí el estar en esta simbólica Ceremonia del Fuego del Bicentenario. Esta Llama de la Libertad que, como ustedes observaron hace unos minutos fue encendida en el Monumento a la Independencia, en el Monumento en que descansan nuestros más grandes héroes, como: Miguel Hidalgo, Ignacio Allende o Juan Aldama.
Este Fuego fue traído, además, aquí al Palacio Nacional por niñas y niños de todas las entidades de la República, que fueron portadores del Fuego del Bicentenario, como un gesto simbólico de unidad entre los mexicanos y sus entidades federativas; y como un gesto simbólico, de esperanza, porque fueron portados por niños y jóvenes de todo México.
Yo les pido un aplauso para las niñas y los niños portadores del Fuego del Bicentenario. Si gustan pararse, por favor.
Este Fuego, amigas y amigos, simboliza los ardientes deseos de libertad que brotaron en nuestros próceres. Es emblema de la valentía con la que se alzaron en armas aquel 16 de septiembre de 1810, para desafiar a una de las más importantes potencias del mundo, entonces.
En aquella época, levantarse en armas con un puñado de hombres significaba un gran riesgo. Pero tal y como lo señalara don Benito Juárez, años después: Hidalgo nos enseñó que el poder de los reyes es demasiado débil cuando gobierna contra la voluntad de los pueblos.
La sangre derramada por Miguel Hidalgo, por José María Morelos y Pavón, por Mina, por grandes mujeres y hombres que lucharon por nuestra Independencia, rindió sus frutos.
Hoy, México es una Nación libre e independiente, que se guía por los principios de equidad y de justicia; una Nación orgullosa de su pasado y de quienes han luchado por una Patria más justa.
Pero, sobre todo, una Nación esperanzada y segura de su futuro. Hoy, México es, sobre todo, un país que está buscando construir un mejor futuro para sus niños y para sus jóvenes.
Esta llama que hoy recibimos en Palacio Nacional, y que a partir de hoy visitará toda la República Mexicana en este año de Conmemoración del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución, debe motivarnos a que en cada casa, en cada escuela, en cada pueblo o ciudad, en cada plaza pública, vibre con fuerza el recuerdo de la Gesta de nuestros grandes héroes.
Que este Fuego, que a partir de hoy recorrerá la Nación entera, despierte en todos nosotros el fervor patrio. Que este fuego, que es símbolo de libertad, nos una y nos identifique a todos como lo que somos: hermanas y hermanos mexicanos.
Que este Fuego encienda una vez más en nuestros corazones los ideales de independencia, de justicia, de igualdad y de libertad, que nos heredaron nuestros antepasados.
Por eso, a partir de hoy, esta llama recorrerá el país. Es un Fuego que anuncia la llegada del 2010, el año de la Patria, en el que todos, las mexicanas y los mexicanos, grandes y pequeños, celebraremos y festejaremos con alegría, el Bicentenario del inicio del movimiento de la Independencia Nacional y el Centenario del inicio de la Revolución Mexicana.
Será un año de júbilo y de fraternidad, un año que nos una a todos en el orgullo inigualable de ser mexicanos.
Clic en la portada...
Aquí, como he dicho, hay niñas y niños de las 32 entidades federativas, quienes están representando los lugares que habrá de recorrer el Fuego del Bicentenario, esta llama de la libertad.
Yo estoy seguro de que serán, en gran medida, las nuevas generaciones, las niñas y los niños, los jóvenes, como quienes hoy nos acompañan, quienes retomarán la Bandera del Bicentenario para construir el México que queremos; un México cada vez más cercano a nuestros ideales y a nuestros anhelos; un México cada vez más cercano a los anhelos y los ideales de quienes hicieron posible la Independencia y quienes hicieron posible la Revolución Mexicana.
Yo veo en ustedes, niños y jóvenes, como lo veo cotidianamente en los rostros de miles y miles de niños y jóvenes de México, los deseos, la fuerza y la esperanza para hacer de México el país grande que está destinado a ser, por historia y por derecho.
En 2010, México se vestirá de gala con una multitud de eventos artísticos y culturales. Por ejemplo, aquí en Palacio Nacional abriremos la Exposición México 200 Años. Será un recorrido museográfico extraordinario, que nos permitirá valorar más la historia de nuestro país y las hazañas de grandes héroes como: Hidalgo, Allende, Morelos, Leona Vicario, Josefa Ortiz de Domínguez, Vicente Guerrero, Madero, Carmen Serdán, Francisco Villa, Emiliano Zapata.
Y por ello, estamos reuniendo una colección de más de 500 obras que nos acercarán a las épocas en que se fraguaron tanto la Independencia, como la Revolución.
Por primera vez, también, abriremos a todo el público salones hasta ahora desconocidos o por lo menos no visitados de Palacio Nacional.
Estamos, además, restaurando los principales sitios y monumentos artísticos y emblemáticos de la Independencia, de la Revolución, como los museos que guardan su memoria, como es el caso de la Casa de Allende, en San Miguel de Allende, en Guanajuato; o la Casa de Morelos, en Morelia.
Amigas y amigos, jóvenes deportistas, niñas y niños, mexicanos:
Hidalgo y Morelos, entre muchos otros, lucharon y ofrendaron su vida para transformar a México, para convertirlo en una Nación independiente, en una Nación libre, en una Nación igualitaria.
La mejor manera de celebrar la causa de la Independencia es retomar sus ideales, es continuar con la lucha por construir un México cada vez mejor.
Celebrar el Bicentenario de ser una Nación libre, como he dicho, nos obliga a replantearnos cómo preservar y cÓmo ampliar nuestra libertad. Enarbolar la Bandera de la Independencia es seguir esforzándonos cada día para transformar a fondo a México, para transformarlo en el país que queremos, un México más seguro y más equitativo, más justo.
Un país más democrático, más libre, más limpio. Un México próspero, capaz de generar los empleos que necesitamos. Un país que se desarrolle de manera sustentable y armónica con el medio ambiente.
Un México que nos dure para siempre y que sean muchos años más, cientos de años más, los que vean contemplar futuras generaciones de mexicanos el engrandecimiento de la Patria.
Un México que nos dure para siempre y que sean muchos años más, cientos de años más, los que vean contemplar futuras generaciones de mexicanos el engrandecimiento de la Patria.
Hoy, como he dicho, amigas y amigos, tenemos la disyuntiva de conformarnos con el México que hoy tenemos, o de cambiar nuestro destino y nuestra Nación, y poner de manifiesto que la gloria nacional no sólo está en su historia, no sólo está en su pasado, sino está fundamentalmente en su futuro, que ha sido mucho y glorioso lo que juntos hemos hecho, pero que es más lo que juntos podemos hacer hacia el porvenir.
Y si algo nos demuestra el legado histórico de nuestros héroes, es que sí es posible transformar a México. Ellas y ellos lo transformaron, en circunstancias muchas veces más adversas y más difíciles que las que ahora vivimos.
Sí es posible cambiar a México y sí es posible hacer que las cosas sucedan. Nosotros, la generación del Bicentenario, las mexicanas y los mexicanos que tenemos la dicha y la fortuna de vivir estos momentos de gloria y de conmemoración en el país, y particularmente los que en cada una y en cada uno de nuestras actividades, tenemos una tarea por realizar en el deporte, en la cultura, en la vida económica o política, en la ciudad o en el campo, en las escuelas; todos tenemos la obligación de trabajar intensamente para que se siga escribiendo con gloria la historia de México, a partir de ahora.
Trabajar fuerte y decididamente, para que ningún mexicano pueda vivir en la miseria, para que ningún mexicano tenga que enfrentar la falta de alimentos en su casa, para que erradiquemos la pobreza extrema, la pobreza alimentaria, y logremos que cada mexicano pueda también tener acceso a lo más elemental.
Nosotros, la Generación del Bicentenario, tenemos la obligación de hacer que a nadie se le niegue un médico o una medicina, o un hospital o un tratamiento, cuando lo necesite. Eso es difícil de lograr, pero es posible si nos mantenemos unidos y somos capaces de impulsar nuestra alma hacia los ideales y a la esperanza.
México debe ser la Nación que está llamada a ser. Estoy seguro que también esta generación podrá transformar la realidad que nos circunda; avanzar, de manera decidida y en paz, hacia lo que queremos.
Esta llama, estoy seguro, este Fuego del Bicentenario, que a partir de hoy recorrerá cada rincón de la Patria, debe avivar en todos nosotros el deseo de trabajar unidos y convertirnos en una generación a la altura de nuestros sueños y de nuestros anhelos.
Juntos habremos de alcanzar el México que merecen nuestros hijos y las mexicanas y los mexicanos que vienen.
Que este Fuego, amigas y amigos, nos ilumine, nos enorgullezca de nuestro pasado, nos recuerde lo que somos, de dónde venimos; pero, sobre todo, nos recuerde hacia dónde debemos ir, y nos permita transformar al país, hacer de la nuestra una Nación ordenada, justa y generosa, que siga siendo merecedora del orgullo y el amor profundo de mexicanas y de mexicanos.
Qué viva México y que este Fuego ilumine a la Nación.
Muchas gracias.
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